Riosucio, en Caldas, ejemplo de atención a menores desvinculados del conflicto armado

El Centro de Integración Ingruma, es el único en Colombia que atiende a  niños de comunidades indígenas y afrodescendientes desvinculados de grupos ilegales del conflicto armado.

CENTRO INGRUMA

En Riosucio, un municipio al occidente de Caldas, está el Centro de Capacitación e Integración Indígena, Ingrumá, especializado en atender a menores de comunidades indígenas,  afrodescendientes y raizales desvinculados del conflicto armado, programa único en Colombia que asiste a 50 niños y adolescentes de grupos armados ilegales, en especial del sur del país y de la costa Pacífica.

El proyecto  financiado por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ICBF, hace parte de una estrategia de atención diferencial que busca brindar unas mejores condiciones de vida a los niños y jóvenes vinculados a la guerra, que carecen de opciones educativas, afectivas y familiares.

El director del centro, Víctor Ochoa Gómez, explicó que la entidad desarrollan procesos de atención psicosocial y diferenciada en la búsqueda de las familias de los menores afectados, con proyectos de retorno a sus grupos étnicos  y con la cercanía a la población en escenarios locales, contribuyendo así a potencializar sus capacidades e invertir recursos para el mejoramiento de sus condiciones de vida.

Dijo que a la institución llegan niños marcados por historias de vida trágicas, recuerdos de su diario vivir en la ilegalidad, con grandes vacíos emocionales y una ausencia de valores, integrantes de las guerrillas de las Farc, del Eln y de los grupos paramilitares, en su mayoría reclutados en zonas  rurales, de familias campesinas y de poblaciones con altos niveles de pobreza y una amplia influencia del conflicto armado. Un considerable número del Choco y de zonas de resguardo en Nariño, Putumayo, Cauca, Caquetá, Tolima y Huila; entre otras regiones.

La entidad desde el 2.010 atiende a niños que por asuntos emocionales y de seguridad no pueden regresar inicialmente  a sus sitios de origen, con un tratamiento específico  y distinto, más cercano por su condición de ser integrantes de una comunidad especial. Cuenta también con el apoyo de la Organización Integral para las Migraciones y Asociaciones Indígenas.

Dividido en las áreas de  familia, de desarrollo humano, de pedagogía, de producción agrícola y pecuaria,  el centro aplica un modelo pedagógico para una vida independiente y autónoma, a través de una granja integral, que los incorpora a la comunidad a través del diálogo, en un contexto y un espacio propio y autónomo. La granja integral es el escenario que les permite retomar situaciones de la  vida cotidiana alejados de la confrontación  armada y de las acciones bélicas.

El director de Bienestar Familiar en Caldas, Luis Eduardo Céspedes, dijo que psicólogos  y profesionales de diferentes áreas y disciplinas utilizan con los menores un modelo pedagógico que busca una interdependencia y la conexión de proyectos productivos  y demostrativos,  que resignifican su sentido de la vida, modificando los imaginarios  individuales y colectivos de las acciones de guerra, con lo que se busca darles un horizonte distinto al de la destrucción y  al de la muerte.

Explicó que la mayor preocupación está relacionada con las escasas condiciones educativas que dificultan la aceptación  del niño en una sociedad que los estigmatiza por integrar un grupo ilegal. El trabajo social y educativo incluye programas nutricionales y un sentido de familia,  de comunidad, de desarrollo humano, además de la producción agrícola y pecuaria.

El programa, tiene además el Banco de Alimentos como una estrategia de financiación y un medio de comunicación y comercialización con la comunidad, que ofrece los productos que se cultivan en la granja,  es además el instrumento de reparación y resocialización de los niños. Se trabaja en asumir el contexto del origen del menor, su cultura, sus esquemas de percepción que implican reconstruir el llamado tejido social perdido en la confrontación armada.

La historia del centro se remonta a un trabajo permanente desde hace 40 años, con comunidades indígenas, en la localidad que tiene cinco resguardos, ofrece sus servicios en un bien inmueble perteneciente al ICBF, en un terreno ubicado en el  resguardo Nuestra Señora Candelaria de la Montaña, comunidad Alto Medina; constituido por dos lotes de terreno contiguos de 6.3 hectáreas, es el resultado de una acción filantrópica de la alcaldía y el  club de Leones.

El Centro Indígena Ingrumá, está conformado por una asamblea como máxima autoridad, trabaja con instituciones que desarrollan actividades afines, entre otras; Asofrumón, Asprocafé Ingrumá, delegados de las comunidades indígenas, la alcaldía  de Riosucio y representantes de los usuarios de los programas.

En un periodo de posconflicto  y ante la inminencia de un acuerdo de paz, el Centro Ingruma, es un ejemplo del trabajo  y demuestra que la resocialización  de menores vinculados al conflicto, aunque no es fácil; si se puede.

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