En riesgo patrimonio arquitectónico de Marmato

Las viviendas en bahareque y tapia que se construyeron cuando se comenzó a poblar este municipio caldense, pensadas en función de los mineros, difieren mucho de los nuevos modelos habitacionales. 

Durante cerca de 478 años, Marmato se ha dedicado a la minería artesanal; sin embargo, la llegada de la minería a cielo abierto pone en riesgo el patrimonio arquitectónico de uno de los municipios más antiguos de Colombia.

Así lo determina una investigación que identificó técnicas constructivas del municipio y la incidencia de la minería en los sistemas de construcción, para compararlas con edificaciones de los dos sectores en los que se divide esta región productora de oro.

En la parte alta queda la zona histórica y administrativa; allí está la Alcaldía, la Notaría y el Almacén de venta de oro procesado. En la zona baja se aprecian nuevas viviendas y comercio.

La estudiante Liceth Elena Guevara Ortiz, de la Maestría en Construcción de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional sede Medellín, describe que hacia 1997 en la vereda El Llano se asentó una transnacional para hacer minería a cielo abierto.

Esta zona estaba ubicada en la parte baja, igual que el sector denominado “Nuevo Marmato”, donde, según la investigadora, se planteó un reasentamiento de la comunidad, que comenzó con cinco casas.

Casas para mineros

Aunque las casas en Marmato no tienen una tipología uniforme, sí se caracterizan por su diseño con jardín; son construidas en bahareque y tapia con materiales como caña y tierra.

Además en la zona tradicional –por lo general– tienen espacios de trabajo para los mineros, pues son viviendas dispuestas enseguida de una bocamina.

“Ellos llegaban por la tarde con su material y llevaban lo que no alcanzaban a limpiar en la mina para hacer la extracción del oro manualmente en bateas. Siempre tenían un espacio para trabajar, mientras que en las viviendas del Nuevo Marmato no lo tienen”, asegura.

Por otro lado, las casas del centro histórico de Marmato son grandes, de hasta cinco habitaciones y con un área de más de 300 m2 incluyendo la cocina, que se construía por fuera de la casa; tienen patio central, comedor separado y piso en cemento o en baldosa con figuras verdes, amarillas y vino tinto.

Casas tipo apartamento

El caso es diferente en Nuevo Marmato, donde las casas tienen cerca de 60 m2 y solo dos habitaciones además de la cocina. “Es como implantar un modelo de vivienda de ciudad, como si fuese un apartamento”, comenta la investigadora.

Agrega que las diferencias han generado inconformidad, según algunas personas consultadas. “Lo que más les gusta de Marmato es la visual que permiten sus viviendas y el arraigo con el vecino, porque no es lo mismo que vivir en una unidad habitacional donde las casas son en secuencia y no conocen a nadie”.

A estos resultados llegó el estudio tras implementar metodologías de observación no participativa, diario de campo y entrevistas a 25 habitantes de Marmato y 35 a pobladores reasentados en Nuevo Marmato.

La innovación del estudio es la integración de los componentes social, minero y de patrimonio, y entre las propuestas que hace está realizar en Nuevo Marmato una réplica de la iglesia o de algún símbolo arquitectónico en tapia y bahareque, con el fin de no perder el arraigo, ya que “la memoria es intangible, pero se puede conservar”, concluye.

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