Medicamentos para quimioterapia afectarían función cardiaca

De 76 pacientes pediátricos con leucemia linfoide con procesos de quimioterapia, 19 presentaron complicaciones cardiovasculares asociadas al uso de medicamentos contra el cáncer.

La complicación descrita con mayor frecuencia ha sido la alteración de la función cardiaca, seguida de la aparición de arritmias, y en menor cantidad la pericarditis.

Estos resultados descriptivos forman parte de una investigación que adelantan los médicos de la Universidad Nacional de Colombia en la Fundación Hospital Pediátrico de la Misericordia Bogotá, con la que esperan caracterizar a 129 pacientes pediátricos con complicaciones cardiovasculares derivados de la quimioterapia, uno de los grupos más grandes que se ha estudiado en Latinoamérica.

“Dentro del tratamiento inicial de los pacientes con leucemias y linfomas en pediatría utilizamos varios medicamentos con fines curativos que destruyen las células cancerosas, pero que también generan daño directo a las células cardíacas, seguido de mayor morbilidad por los pacientes sobrevivientes de cáncer, o incluso de desenlaces fatales”, explica el doctor Juan Camilo Villada Valencia, especialista en Oncohematología Pediátrica de la U.N.

El doctor Villada forma parte del grupo de investigadores liderado por la doctora Adriana Linares Ballesteros, docente de la Facultad de Medicina de la Nacional, que investiga la relación entre dichos medicamentos y la posibilidad de presentar complicaciones cardiacas, además de identificar qué pruebas serían efectivas para un diagnóstico temprano de cardiotoxicidad en pacientes con leucemias y linfomas que reciben antineoplásicos.

Como parte de su tesis, el doctor Villada analizó datos de los pacientes con leucemias agudas, y actualmente la doctora Diana Plazas, residente del programa de Oncohematología Pediátrica de la Universidad Nacional , actualiza los resultados.

Fármacos analizados

“Los medicamentos utilizados que pueden tener riesgo de cardiotoxicidad son las antraciclinas y los alquilantes tipo ciclofosfamida. Parece que esos dos grupos de fármacos tiene un efecto sinérgico tóxico sobre el miocardio (músculo del corazón), a veces irreparable, por eso quisimos evaluar con diferentes herramientas diagnósticas algunos signos tempranos de cardiotoxicidad durante la terapia”, señala el doctor Villada.

El análisis inicial se llevó a cabo con 76 pacientes –62 con leucemia linfoide aguda y 14 con leucemia mieloide aguda– que al momento del diagnóstico no presentaran alteración cardiaca. Con ellos se realizaron evaluaciones en cuatro momentos diferentes durante la terapia intensiva, que no alteraron el curso normal del tratamiento.

Para esta evaluación se tomaron como referencia 13 parámetros de ecocardiografías, un electrocardiograma y la medición de tres enzimas que usualmente se elevan en pacientes con alteración cardiaca: troponina I, troponina T y el péptido natriurético cerebral tipo B (BNP).

Llama la atención que –a diferencia de los resultados descritos por grupos europeos– los pacientes con alteraciones cardiovasculares clínicas o subclínicas (asintomáticas) no presentaron elevación de la troponina I o de la troponina T. Así mismo, solo los pacientes que se hiperhidrataron elevaron el BNP y solo valores muy altos fueron predictores de alteración cardiaca.

De los 76 pacientes analizados por el investigador, a la fecha el 25 % presentó complicaciones cardiovasculares, siendo la más frecuente la disfunción cardiaca. En términos médicos, la mayoría de ellos tuvieron previamente caída de la deformidad longitudinal global (delta del GLS), medido por ecocardiografía como predictor de toxicidad. Esto se refiere a la capacidad del miocardio de relajarse para luego volver a contraerse mejor; la pérdida de esa capacidad es un indicador de alguna disfunción cardiaca, detalla el docente.

Esperamos que los resultados finales de esta investigación, financiada por la U.N. y con el apoyo del Hospital Pediátrico de la Misericordia, nos den herramientas para prevenir las complicaciones cardiovasculares derivadas de la terapia dirigida contra el cáncer en la población pediátrica del país, concluye.

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