Justicia restaurativa ofrece posibilidad de un futuro sin odio

La justicia restaurativa, especialmente en este Acuerdo de Paz, que hace tanto énfasis en la no repetición, está hecha para ponerle fin a la violencia y al odio.

Así se refirió a este tema John Braithwaite, uno de los mayores conocedores de la justicia restaurativa en Australia y el mundo, quien aseguró que la posibilidad de restaurar a partir de las peores circunstancias institucionales es una de las maravillas que brinda la justicia restaurativa.

Señaló además que un ejemplo de ello es el caso sudafricano, en el que Nelson Mandela logró crear una narrativa que unificara a ciudadanos blancos y negros bajo una misma identidad como víctimas del apartheid.

“La justicia restaurativa dice que un futuro mejor tiene más altura que la justicia en la que yo mato al otro para vengarme”, destacó el experto australiano, invitado al conversatorio “La justicia restaurativa en la justicia transicional”, convocado por la Especialización en Justicia, Víctimas y Construcción de Paz de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y el Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ por sus siglas en inglés).

Uno de los desafíos a los que hoy se enfrenta la justicia transicional en medio de la situación de polarización por la que atraviesa el país es diseñar sanciones restaurativas que resulten significativas en comparación con los crímenes cometidos por los actores que participaron en el conflicto.

Cómo superar este reto fue uno de los interrogantes planteados por el profesor Rodrigo Uprimny, otro de los expertos invitados al conversatorio, para quien “cualquier sanción restauradora tenderá a ser vista por los críticos al proceso de paz como simple, dada la magnitud de los crímenes. Cómo debería ejercerse ese castigo, algo que uno espera que tenga la mayoría de quienes pasen por la Jurisdicción Especial de Paz (JEP)”, de manera que esta no colapse y tenga una mayor fortaleza”.

En esta situación, el componente retributivo de las penas que se consideran en la justicia transicional –diseñada a raíz del Acuerdo de Paz– se debería ejercer de tal manera que la restricción efectiva de la libertad se cumpla seriamente.

Presionados por la polarización

En respuesta a este planteamiento, Ana Myriam Roccatello, subdirectora del ICTJ, comentó que esta polarización ha puesto mucha presión sobre los magistrados que integran la JEP y ha reducido el debate alrededor de la justicia sobre el desempeño de esta entidad.

Agregó que “las más grandes reformas de las que no hablamos no parecen contribuir a la justicia, y ese puede ser el primer problema. Cómo puede ser percibida la justicia restaurativa en este clima de extrema resistencia, algo que realmente depende de todos”.

Se trata de una responsabilidad colectiva en la que la población colombiana debe proveer un espacio relativamente seguro para aquellos que participen y se expongan en el proceso de la justicia transicional. Este también se podría beneficiar si desde la JEP se comparte información que permita crear confianza sobre sus progresos.

“Cómo la JEP está tratando de remediar posibles errores y rectificar el proceso, cómo los actores están avalando y acogiéndolo, son aspectos que necesitan ser compartidos en algún punto, en orden de propagar un clima de que las pequeñas cosas llevan a otras más importantes”, declaró la experta, quien ha centrado su experiencia en asuntos de Estado de derecho, derechos humanos y justicia transicional en diferentes países de África.

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