Conflicto armado se asociaría con muerte de niños por leucemia

El aumento en el “índice de incidencia del conflicto armado” incrementaría hasta en un 90 por ciento la probabilidad de que un niño muera por causa de esa enfermedad .

Este es uno de los hallazgos de María del Pilar Montilla Velásquez, magíster en Epidemiología Clínica de la Universidad Nacional de Colombia , quien exploró la asociación que podría existir entre la exposición perinatal a violencia colectiva, pobreza y condiciones ambientales, con las tasas de incidencia y mortalidad por esta enfermedad en niños nacidos entre 2002 y 2013.

“Se obtuvieron los datos de este periodo específico porque coincidía tanto con la aparición de la política de seguridad democrática como con la implementación del Plan Patriota, hechos que aumentaron las acciones guerrilleras y los combates por iniciativa de la fuerza pública, los cuales desplazaron el conflicto a zonas periféricas y de frontera”, explica la investigadora.

La distribución espacial de los casos estudiados se concentró en el centro del país y la Amazonia. La letalidad más elevada por la enfermedad –que alcanza cifras de hasta un 33 %– se acentuó en las zonas del Caribe, Amazonia y Orinoquia.

Se encontraron 24 municipios con una letalidad del 100 % y 159 presentaron tasas de mortalidad elevadas, que se clasifican con un índice “alto” o “muy alto”.

Para esto, la magíster realizó un estudio en el que mapeó la aparición de casos relacionados con la enfermedad en este periodo y detectó el desarrollo de clusters o conglomerados relacionados con ciertos puntos de influencia en una cohorte retrospectiva, conformada por una población base de 11.149.695 niños nacidos en 33 departamentos y 1.122 municipios de Colombia.

En relación con la mortalidad por leucemia, encontró que por cada 0,1 unidades que aumenta el índice, la probabilidad de morir por cáncer se incrementaría en un 90,53 %, mientras que en relación con la incidencia, por cada 0,1 que aumente el índice, la probabilidad de que el cáncer se presente sería del 58,41 %.

El “índice de incidencia del conflicto armado” clasifica los municipios y departamentos según el grado de intensidad del conflicto en relación con variables como acciones armadas, homicidios, secuestros, minas antipersona, desplazamiento forzado y cultivos de coca, lo que sirvió de punto de partida para realizar los análisis de mapas de la enfermedad, la búsqueda de clusters o agrupaciones geográficas de los casos, la autocorrelación espacial y el modelo autorregresivo espacial del Poisson.

Proyecciones poblacionales

Los datos se obtuvieron a partir de proyecciones poblacionales y se complementaron con la información del porcentaje de necesidades básicas insatisfechas (NBI) y cobertura en salud proveniente del Departamento Nacional de Estadística (DANE); el índice de incidencia del conflicto armado del DNP y los casos con diagnóstico de leucemia aguda pediátrica reportados al Instituto Nacional de Salud (INS).

“Encontré que los factores genéticos –de los que se puede estar completamente seguro– explican solo entre un 5 y 15 % de los casos de cáncer, mientras que las exposiciones ambientales a radiaciones o a pesticidas explican entre el 5 y el 10 %. Lo demás se desconoce porque todavía no entendemos completamente esta enfermedad y la evidencia en áreas de desplazamiento, de guerras y de influencia de desastres en general es muy limitada por la dificultad de obtener datos en este tipo de contextos”, comenta la investigadora.

Para ella el contexto colombiano es particular por sus más de cincuenta años de conflicto armado. A pesar de que los datos que se tienen son recientes, los efectos de esta situación van desde la limitación en el derecho a la salud y el acceso a servicios hasta la generación de ambientes de miedo y desesperanza que finalmente pueden llevar a un estrés permanente que genere patologías crónicas.

“El modelo estudiado nos permitió definir que la violencia se relaciona no solo con los casos de cáncer sino también con la mortalidad por esta causa, además de otras variables como la pobreza y la cobertura en salud, que de hecho indicaban que en las zonas más pobres y en las de menor cobertura tal vez se mueren menos de cáncer porque se pueden morir de enfermedades más agudas como diarreas o infecciones respiratorias”, señala la magíster.

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