Religión y política: ¿alianza negativa?

“Colombia no es un Estado laico, porque si lo fuese no se permearía lo público de lo religioso”.

Con esta afirmación del abogado litigante Ramiro Bejarano se dio inicio al debate del XIX Coloquio Internacional de Libertad Religiosa, organizado por la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia , en asocio con el Colegio de Abogados de la Institución.

Durante el encuentro, moderado por el periodista Daniel Pacheco, se mencionaron temas como la despenalización del aborto y los derechos de las personas de la comunidad LGBTI, que se constituyen en ejemplos de los límites y las tensiones que se generan en Colombia entre la actividad política y aquella propia de las confesiones religiosas.

La orientación religiosa unida a la fuerza que han tomado dos movimientos cristianos en el debate público: MIRA y Colombia Justa Libres, que defienden la moralidad cristiana y la familia y cuya influencia, no demostrable, en decisiones políticas importantes del país –como el “no” en el plebiscito de 2016– despiertan preocupaciones en cuanto a la unión o separación de la política y la religión.

En el debate se planteó cómo los partidos cristianos tienen una cohesión proselitista en la que muchas veces el líder político es el mismo líder espiritual y el votante es el mismo creyente.

Por su parte, el senador cristiano Jhon Milton Rodríguez, cofundador del partido político Colombia Justa Libres, defendió la vinculación de las comunidades religiosas a los asuntos políticos de la nación.

En tal sentido, sostiene que el catolicismo y el cristianismo han ayudado al desarrollo político del país y que la Iglesia católica, a pesar de ser perseguida y prejuiciada, ha llegado a lugares a donde ningún otro partido ha podido llegar, atendiendo crisis humanitarias, como por ejemplo la reciente migración venezolana.

No obstante, el abogado Bejarano, aunque reconoce la labor de la Iglesia en la sociedad colombiana, también recuerda la responsabilidad de esa institución en los conflictos del país, y alude a las quemas que se produjeron durante los años 50 en nombre de los púlpitos religiosos.

El jurista defiende la tesis de que “para una verdadera democracia es sano que en las instituciones públicas no haya rastros de creencias religiosas, porque esa separación garantiza la paz”.

Estado laico, sociedad religiosa

El profesor Augusto Trujillo, otro de los invitados al debate, advirtió que aunque la palabra laico no se encuentra como tal en la Constitución de 1991, en su artículo 19 sí se favorece como derecho fundamental la libertad de cultos, razón por la cual afirma que “en Colombia el Estado es laico, pero la sociedad es religiosa”.

En ese sentido, Juan Navarro Floria, miembro del Consorcio Latinoamericano de Libertad Religiosa, considera que “la religión no es un aspecto privado sino de orden público, y el Estado laico debe permitir y favorecer que las personas puedan profesar su propia fe sin importar el espacio en el que se encuentren”.

Cabe resaltar que Colombia es un país donde la mayoría de sus habitantes profesan religiones cristianas, ya sean la católica o cristianas, seguido del islamismo, hinduismo, budismo, judaísmo con porcentajes cerca del 1 % y de otras religiones, como por ejemplo, las creencias tradicionales de comunidades indígenas.

Posturas diversas y en algunos casos irreconciliables afloraron en este evento, sin llegar a un consenso sobre un tema tan espinoso como la relación entre la política y la religión.

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