Los impactos ambientales en la producción de bioetanol se asocian a distintas etapas de la cadena de suministro.

Con un modelo basado en sistemas, el investigador Danny Waldir Ibarra Vega, doctor en Ingeniería Automática de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, determinó las variables que afectan los indicadores de sostenibilidad en este sector productivo.

Como indicadores ambientales se estudiaron el uso, la eficiencia y la calidad del agua, procedimiento en el que se tuvieron en cuenta dos actividades que generan el consumo o la extracción del recurso hídrico: la primera relacionada con el cultivo de caña de azúcar para obtener materia prima –que incrementa con el número de hectáreas de caña sembrada–, y la segunda con el proceso de producción.

La caña cosechada llega a un proceso de alistamiento que incluye lavado y molienda mediante presión mecánica y agua, para extraer el jugo que contiene la sacarosa, y de allí pasa a la elaboración de bioetanol. “Actualmente la tasa de consumo está en 9.000 m3 de agua por hectárea de cultivo al año, y 0,005 m3 de agua por litro de bioetanol producido”, destaca el investigador.

Para evaluar este indicador es necesario considerar las actividades que generen descargas, ya sea vertimientos o infiltraciones por escorrentía de los plaguicidas aplicados en el cultivo. “Una de las formas de evaluar este indicador es con los niveles de contaminantes en los vertimientos de la producción de bioetanol, expresados en concentración de la demanda biológica de oxígeno (DBO), como una cantidad total anual en kilogramos/año”.

En cuanto a la evaluación del indicador social, se tuvo en cuenta la cantidad de empleos generados en relación con la cantidad de bioetanol de caña que se produce. “Para esto partimos de la idea de que el aumento de producción de bioetanol debe incentivar la creación de vacantes en el sector”.

También se consideró la asignación y tenencia de nuevas tierras, ya que el sector azucarero pasó a ser especializado en la generación de valor agregado industrial y comprador de la materia prima agrícola, es decir que realiza intercambios comerciales con la región. “Por ejemplo, entre 1960 y 1990 los ingenios redujeron del 75 al 24 % el área de su propiedad sembrada de caña, mientras los proveedores pasaron de representar del 18 al 70 %”.

En el indicador económico se consideró la flexibilidad del uso de la bioenergía, directamente relacionado con la demanda de gasolina, debido a que, al haber mayor demanda de este combustible y producción de bioetanol constante, disminuye la flexibilidad de este último, es decir que la capacidad de mantener el porcentaje de mezcla se ve afectado.

Técnicas para reducir consumo de agua

Para evaluar las estrategias en el indicador “consumo de agua” se tuvo en cuenta solo la actividad de gasto en el cultivo de caña de azúcar, que representa el 99,9 % del consumo de agua en la cadena de suministro.

Por otra parte, se definieron las técnicas de irrigación para la disminuir el consumo del recurso. “En general, los canales abiertos se emplean para irrigar agua a los cultivos; la frecuencia de riego es de unas 5 veces al año, y se aplica una cantidad anual de 5.000 a 9.000 m3 por hectárea. Sin embargo, si se instalan sistemas de tubería para riego, la cantidad de agua se puede reducir a 3.600 m3”, puntualiza el investigador.

Para el indicador social se determinó que es necesario implementar políticas sectoriales del Gobierno para incrementar el número de empleos en la producción de bioetanol, además de monitorear la relación que existe entre la cantidad de bioetanol producido o el incremento de producción, y la generación de nuevas oportunidades de empleo, con el objetivo de hablar de beneficios sociales del sector en la región.

De igual manera, para el indicador “calidad de agua”, el doctor Ibarra recomienda que la política actual de vertimientos sea mucho más estricta para este sector, pues los escenarios prospectivos muestran que la descarga de vertimientos con altos niveles de DBO permitidos continuarán en aumento.

El modelo construido en esta investigación es la base para evaluar diferentes políticas en el ámbito ambiental, social y económico.

Nuestro país tiene hoy una capacidad instalada de 1.650.000 litros/día de bioetanol, centralizado en Cauca, Valle del Cauca y Risaralda. Sin embargo, la producción real se estima en un 85 % de esta capacidad.