Los grandes enemigos de la crisis climática no son las emisiones de gases contaminantes sino los Estados más poderosos en el orden internacional que se disputan el control de los recursos en áreas de influencia.

Así lo señala la profesora Diana Andrea Gómez, del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEU) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien también resalta la necesidad de hablar de “crisis climática” y ya no de “cambio climático” para aterrizar la categoría que realmente transmite la urgencia de la situación.

Se estima que el año pasado 25 millones de personas fueron desplazadas a causa de la inseguridad alimentaria y de desastres naturales como temperaturas extremas, sequías, deshielo e inundaciones, entre otros, en los que la región del Sudeste Asiático y África tienen gran protagonismo.

“La crisis climática es un factor relevante para generar alianzas estratégicas, y le ha permitido a Estados Unidos contrarrestar la presencia de China en zonas de alta tensión como África y Asia Pacífico” afirma la profesora Gómez.

Por ejemplo en Nigeria, cuyo territorio se ha convertido en la prolongación del Sahara debido a la sequía, hubo un gran éxodo en 2015 que causó la presencia del Estado Islámico en el territorio, convirtiéndose en un objetivo militar de EE. UU.

Otro caso es la asistencia y presencia de EE. UU. en Filipinas, donde 13.000 efectivos proporcionan víveres a los damnificados de un tifón y a la vez establecen orden en el territorio; el objetivo, leído entre líneas, es contrarrestar la contundencia china en el mar meridional, por donde pasa el 80 % de sus importaciones.

Por otro lado, las convenciones internacionales que se organizan periódicamente no muestran un panorama alentador y la falta de voluntad política influye en que se cumplan o no los acuerdos que se pactan. La ONU declaró que para 2070 las emisiones de CO2 deberían llegar a cero, lo cual se ha nublado en ocasiones con actos como la desvinculación de países influyentes de los pactos internacionales.

Las potencias globales, entre las que se encuentran los EE. UU., China, Rusia y países de la Unión Europea, lideran y conducen la política internacional por tener una economía rigurosa, capacidad militar notable, una demografía estable o en crecimiento, y a la vez son los países que más agentes contaminantes generan cada año.

¿Retorno de la soberanía?

“La globalización había desdibujado el actuar del Estado-Nación, pero la pandemia ha retornado, en cierto grado, a la soberanía casi de manera obligada; no hay una vuelta al pasado, este actor ha recobrado su papel decisivo en el sistema internacional”, afirma la profesora Gómez.

Y aunque la pandemia causada por la COVID-19 está disminuyendo las emisiones de CO2 y se ha acelerado el proceso de desintoxicación del planeta, la situación es transitoria. Aun así, es un espacio en el que se están replanteando las dinámicas industriales.

Durante la última década ha crecido la inversión en energías renovables y se han fortalecido en China, EE. UU, Japón y Europa con Alemania como líder, mientras que países como el Reino Unido y Rusia han dado pasos lentos y displicentes contra la crisis climática, sostiene la docente.

Y aunque las áreas estratégicas de influencia y disputa por los recursos amenazan a todo el planeta, la verdadera amenaza es la rivalidad hegemónica entre EE. UU. y China y la falta de cohesión política en la Unión Europea.

Al reconstituir la soberanía del Estado sobre sus recursos, el peso de las decisiones cae sobre los Gobiernos nacionales. Según la profesora Gómez, esto, en contrapartida, reorganiza el panorama internacional en un juego de balanza por bandos e intereses, de manera que en estos términos se está hablando del Nuevo Orden Mundial.

Indiscutiblemente, América Latina es una zona de riqueza en fauna, flora, agua y materias primas. Así, lo que sucedió con los incendios en la Amazonia y lo que ocurre en época de confinamiento en el departamento del Atlántico ponen en duda la aparente soberanía nacional con injerencia de intereses transnacionales.

Esto, según la profesora Gómez, además de ser un claro ejemplo de que no hay una preparación ni voluntad política sobre las soluciones, también da cuenta del poder de la indiferencia política sobre la preservación de los recursos y de la vida humana.

Se infiere que la principal causa de muerte en los próximos años estará directa o indirectamente relacionada con el clima. “Los aportes de ingenieros ambientales y ecólogos frente a estos debates geopolíticos son sumamente importantes para sentar una perspectiva interdisciplinar que permita encontrar salidas y soluciones conjuntas”, agrega la profesora Gómez.