Este deporte paralímpico es practicado por personas ciegas, cuyo sentido del oído se agudiza para seguir al balón con sonajero. El primer equipo en Colombia se conformó en 1970.

 

El fútbol es un deporte de multitudes, pero a su vez de silencios. Antes de la ejecución de un penalti decisivo o en la utilización del VAR, por ejemplo. Pero hay un deporte paralímpico en el que resulta obligatorio evitar el ruido para que el único que impere es el del balón: el fútbol-5.

Lo practican ciegos totales, quienes utilizan una pelota con sonajero. Fue acogido por la Blind Sport Federation IBSA, en 1996, que lo convirtió así en una disciplina oficial, la cual desarrolló sus primeros campeonatos en Europa, con epicentro en Barcelona, España, mientras que en América, tuvo lugar en Asunción, Paraguay, en 1997.

Los equipos están compuestos en cancha por cinco jugadores, los cuatro de campo son todos ciegos, más un arquero sin discapacidad. El área de juego está rodeada completamente por una valla, de forma tal que no se producen saques de banda.

Los partidos constan de dos tiempos de 25 minutos de duración, con un intermedio de 10 minutos de descanso entre ambos. Para evitar que puedan verse beneficiados los futbolistas que tengan algún mínimo resto visual, todos deben llevar usar antifaz que les cubra por completo los ojos.

La clasificación funcional de este deporte se divide en tres clases: la B1, que es la de mayor desarrollo en el mundo, B2 y B3. En Colombia se empezó a practicar a mediados de los años 70 de manera aficionada, al punto que el balón era de lata, pero a la década siguiente ya se usó uno de plástico y se conformó el primer club deportivo de personas ciegas en Colombia: el Grupo de Estudiantes Universitarios, GEP.

En Atenas 2004 se incluyó, por primera vez, el fútbol-5 en los Juegos Paralímpicos y desde entonces se disputa en la rama masculina. Nuestro país aún no ha clasificado a las máximas justas y dentro de los logros más destacados están el sexto lugar en la Copa del Mundo Madrid 2018 y el cuarto puesto en los Parapanamericanos de Lima 2019. Actualmente, el país ocupa el puesto 11, dentro de los 50 seleccionados del ranking de la IBSA.

“Desde el 2012, que lo comencé a practicar, mi vida se dividió en dos. Ha sido una gran bendición porque me permitió desenvolverme y correr sin necesidad de un bastón. Me hizo crecer como persona, además de brindarme dos aspectos fundamentales para ser independiente: movilidad y orientación”, destaca Juan David Pérez, uno de los referentes en Colombia.

Hace parte de la selección nacional y es tal su nivel, que desde 2017 milita en la liga profesional de Brasil, donde aparte de talento, ha demostrado que “el deporte transforma la vida de cualquier ser humanos y más el paralímpico”. “Cuando perdí la vista en mi adolescencia, me hubiese quedado estudiando, pero no habría alcanzado esta evolución si no hubiese jugado fútbol-5”.

Por eso desde la propia experiencia, Juan David les envía un mensaje a las personas ciegas: “No se necesita amar al deporte, pero el simple hecho de practicarlo es una opción inmejorable de rehabilitación, es fundamental para ese proceso de desarrollo”.