El episcopado colombiano, a través de un comunicado, expresó su solidaridad con las poblaciones del Pacífico y del Suroccidente del país que están viviendo una crisis humanitaria profunda por las amenazas, desplazamiento forzado, confinamiento, asesinatos y todo tipo de amenazas.

Expresaron su solidaridad con el obispo de la diócesis de Buenaventura, monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, quien ha sido victima de amenazas de muerte.

En el mensaje, firmado por monseñor Óscar Urbina, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC); monseñor Ricardo Tobón, vicepresidente de la CEC, y monseñor Elkin Álvarez, secretario general de esta institución, los obispos condenan enérgicamente los hechos ocurridos e invitan “a toda la sociedad colombiana a expresar el rechazo total a esta escalada de abusos contra la vida y los derechos de los pobladores”.

Los obispos del pacífico y suroccidente del país, reunidos en Buenaventura, expresaron su respaldo y cercanía al obispo de esta jurisdicción eclesiástica, monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, y a los miembros de esta comunidad del puerto vallecaucano.

“Venimos a expresar la solidaridad, cercanía, afecto y apoyo a nuestro hermano obispo de esta diócesis, monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, por las amenazas que desde hace un tiempo ha venido recibiendo contra su integridad y vida, él y otros servidores de la comunidad. Es la solidaridad que extendemos a las diferentes comunidades del territorio que acompaña con dolor”.

Los obispos presentes de las jurisdicciones eclesiásticas de Apartadó, Quibdó, Itsmina – Tadó, Buenaventura, Tumaco, Guapi, Popayán, Tierradentro, Pasto, Ipiales, Cartago, Buga, Palmira y Cali, han señalado que se trató de una reunión en la que se hizo un análisis a las diferentes problemáticas que se vienen presentando con mayor celeridad en estas regiones de Colombia y que siguen causando tanto dolor en la población.

“Tuvimos la oportunidad de hacer una aproximación a las realidades de incertidumbre, pobreza, dolor, muerte y desesperanza, generadas por la confluencia de situaciones de distinto orden que, lastimosamente, percibimos y denunciamos como cada vez más crecientes, tales como el narcotráfico, el incremento de grupos armados, la corrupción, la extorsión, la pérdida de fe y valores, la ineficiencia de amplios sectores públicos y privados y el maltrato a la casa común”.

Frente a esta difícil realidad, han dicho los obispos, “no nos resignamos a aceptar estas situaciones” y, por el contrario, reafirmaron su compromiso como pastores para seguir acompañando a estos pueblos que durante años vienen sufriendo el flagelo de la violencia.

Igualmente, exhortaron a los gobernantes y a las comunidades a que se unan a trabajar en la búsqueda de “soluciones integrales a corto y mediano plazo que hagan posible la transformación real de esta triste y angustiante realidad”.

Al evocar las palabras del Papa Francisco, cuando decía: “no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo”, los jerarcas agregaron a este llamado del Pontífice: “Hoy nosotros pedimos: ¡abramos los oídos y los corazones, pues el grito del hermano que sufre sube al cielo!”.

Finalmente, pidieron la intercesión de san José, para que se muestre misericordioso con quienes habitan estas tierras del pacífico y suroccidente colombiano: “concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal”.