El obispo de Quibdó, monseñor Juan Carlos Barreto, pidió a los ilegales un cese unilateral al fuego. En medio de la cuarentena por el Coronavirus, les solicitó parar la guerra.

Lo anterior, atendiendo al llamado que hizo recientemente el Papa Francisco “para que se detengan todas las guerras del mundo, y en nombre de los indígenas, afrodescendientes y campesinos pobres de Colombia”.

“Los armados deben parar la guerra. Ya no sabemos cómo decirlo, pero no nos cansaremos de decirlo. Los invitamos a cuidarse, a reflexionar y a convertirse”, señaló.

Al resaltar algunas de las regiones que se están viendo mayormente afectadas por la violencia, como son: Chocó, Cauca, Nariño, Putumayo y Catatumbo, hizo un llamado al Estado colombiano para que actúe de manera adecuada y eficaz ante esta realidad que afecta a gran parte de las comunidades.

Por último, pidió orar al Dios de la paz “para que ilumine la mente y ablande el corazón de piedra de los violentos”.

Viernes Santo: día de silencio y contemplación

Este día contemplamos el misterio del amor. “No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos”, nos dijo Jesús.

En este sentido, el padre Jorge Bustamante Mora, director del departamento de Doctrina de la Conferencia Episcopal, afirma que “contemplar a Jesús en la cruz es contemplar la prueba más grande que Dios nos ha dado de su amor. Este es el día del amor hecho cruz, hecho entrega.

En el Viernes Santo conmemoramos la pasión, crucifixión y muerte del Señor”.

¿Cómo vivir este día santo?

El sacerdote explica que durante el Viernes Santo “estamos invitados a contemplar sus cinco llagas; el dolor y el misterio que vivió. Llamados a escuchar y contemplar sus Siete Palabras y, como Iglesia, a unirnos y hacer oración por toda la humanidad, lo que llamamos la oración universal de los fieles”.

También, nos alimentaremos del cuerpo del Señor, no porque se celebre la Eucaristía, sino porque tomamos de la Eucaristía del Jueves Santo. En este día, agrega, “nuestros ojos se tienen que fijar y clavar en la imagen de Jesús crucificado, no como un misterio de dolor y sufrimiento, es la victoria del amor”.

“Que este Viernes Santo sea la hora de cada uno de nosotros para aceptar a Jesús en el corazón, para agradecerle que nos haya salvado con su muerte y para que vivamos la glorificación de ser hijos de Dios”, insiste. Finalmente, invita a seguir el ejemplo de la virgen María y de los discípulos, caminando junto a Jesús en la cruz, desde nuestra oración personal y familiar.

Vía Crucis

Con este ejercicio de piedad acompañamos el camino de Jesús que sigue pasando hoy por todos los caminos del mundo, compartiendo con amor generoso las dolencias de los hombres.