Los prelados de siete regiones del país hablaron de la vida, del perdón, de la falta de solidaridad y compasión, de la violencia, del reencuentro familiar y del Coronavirus.

Primera Palabra
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23,34)

Sobre esta primera palabra pronunciada por Jesús en la cruz, monseñor Óscar Urbina Ortega, arzobispo de Villavicencio y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, recuerda que “Él crucificado, en medio de su sufrimiento, a través de su amor, es la respuesta a los sufrimientos que llevamos todos en estos días en el corazón”.

El prelado señala que “las últimas palabras de su vida son expresión maravillosa, que sintetiza lo que fue la vida de Jesús: verdadero hombre que vino a mostrarnos el rostro amoroso, misericordioso, tierno, de Dios Padre, por eso clama: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Refiriéndose a la compleja situación que vive el mundo a causa de la pandemia por coronavirus, manifestó su deseo de que “al pasar por esta prueba que estamos viviendo quede, como fruto en nuestras familias, primer espacio donde aprendemos el ABC de acogernos, comprendernos, perdonarnos, el don de la reconciliación, superando juntos lo que nos divide”.

Segunda Palabra
“Yo te aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23, 39-43)

Por su parte, monseñor Orlando Olave Villabón., obispo de Tumaco, al reflexionar sobre la segunda palabra, dicha al ladrón arrepentido, que asume su pecado, llama la atención sobre la actitud contraria, de indiferencia, que muchos asumimos ante los momentos difíciles que vive el país: violencia, narcotráfico, guerra, desplazamiento.

Al referirse al asesinato de líderes sociales, recuerda que ellos, “como Jesús, están donando su vida. Hoy queremos decirles a estos hombres y mujeres, que la vida no termina con la muerte. Nos duele su muerte, la tristeza de su familia, pero queremos dar un mensaje de esperanza, motivar a que otros sigan comprometiéndose en la transformación de la realidad colombiana”.

“Pedimos al Señor que lleve a su reino a estos hombres y mujeres que han donado su vida”.

Tercera Palabra
“Mujer, he ahí a tu hijo, hijo he ahí a tu madre” (Juan 19,26-27)

Monseñor Juan Vicente Córdoba Villota, obispo de Fontibón, al reflexionar la tercera palabra, señala que “en san Juan estamos todos los seres humanos presentes cuando el Señor nos entrega a María como Madre”.

¿Qué quiere decir esto?, explica el obispo: “Nos ha dado el tesoro más grande, una madre con corazón eterno: la virgen María, madre de Dios y madre nuestra”.

“Esto nos conecta con la vida”, agrega el prelado. “Darle una madre a un niño es darle vida y estamos en un momento crucial en el que la sociedad quiere acabar con la vida. El Art 11 de la Constitución de Colombia dice: la vida humana es inviolable, no habrá pena de muerte (…) pero han querido violar esto con el aborto”.

Ante esta realidad señala: “levantamos la voz por los que no tienen voz, en contra de los que matan (…) de los que agreden la creación, especialmente, levantamos la voz por los más indefensos, que es el niño en el vientre de la madre”.

Cuarta Palabra
“Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?” (Mateo 27,46-47)

Al meditar la cuarta palabra, monseñor Héctor Salah Zuleta, obispo de Riohacha, centra su mirada en el sentimiento de abandono que experimentan hoy tantos seres humanos.

Retomando a san Agustín: “nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”, el obispo señala que ante la soledad y el abandono, que son una de las mayores calamidades que atenta contra la estabilidad humana, debemos recordar que “Dios no abandona al hombre ni quiere que esté solo. En la mayoría de las dificultades que padecemos, somos nosotros quienes abandonamos a Dios”.

“No podemos olvidar que “no es Dios quien necesita de nosotros sino nosotros los que necesitamos de Dios”, insiste.

Sin embargo, “Él experimentó en su ser, voluntariamente, la realidad de una vida humana para redimirla, ofreciéndonos el remedio de su luz y de su fuerza, que nos viene cuando lo buscamos por los méritos y el amor vivido en su cruenta pasión”.

Quinta Palabra
“Tengo sed” (Juan 19,28)

“La sed que siente Jesús no es solamente una necesidad fisiológica”, explica monseñor Rubén Jaramillo Montoya, obispo de Buenaventura, al reflexionar la quinta palabra. “La sed de Jesús, es la sed de amor, de justicia, de perdón. Ese deseo de Jesús en la cruz es también el deseo que Él quiere que tengamos todos nosotros: sed de servir, de ayudar a nuestros hermanos”.

Así mismo, precisa: “Dios quiere que, sedientos de eternidad, busquemos al único que puede saciar el corazón humano que es Jesús”.

“Vivamos la nueva vida que Cristo nos da (…) para que nosotros también saciemos a nuestros hermanos con la Palabra, con nuestro amor, con nuestra compañía y entre todos construyamos una Colombia más justa”, anima el obispo.

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Sexta Palabra
“Todo está consumado” (Juan 19,30)

Esta palabra “significa que Él realizó la misión que el Padre le confió y fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz”, explica monseñor Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Popayán.

Sin embargo, “en nuestra vida todo está por cumplirse”, precisa el obispo. En este sentido, anima a descubrir la misión que cada uno tiene y asumirla.

“Que esta Semana Santa sea la oportunidad para que nosotros, profundizando, en nuestra vida misionera, en la misión que Dios Padre nos confió; nos unamos con Cristo, con su cruz y asumamos nuestra tarea, porque la Casa Común espera que nosotros le sirvamos, nuestra familia espera que cumplamos nuestra misión (…) El mundo entero necesita de hombres y mujeres que, con Cristo, realicen la misión que el Padre les confió”.

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Séptima Palabra
“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23,46)

Finalmente, al reflexionar la séptima palabra de Jesús en la cruz, monseñor Juan Carlos Cárdenas Toro, secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), afirma que “entregando su vida al Padre, Jesús concluye su misión terrena. Con sus gestos, sus palabras, devuelve la dignidad en sí mismos a pobres, enfermos, mujeres, hombres, niños, pecadores; sin embargo, su coherencia y compromiso tuvo consecuencias y con su muerte en la cruz estas consecuencias llegan a lo máximo posible”.

Es así como, insiste el obispo: “tomar partido por quienes están en las periferias existenciales es un compromiso que en la vida de Jesús llevó incluso a las acciones más violentas contra Él, pero Jesús nunca cambió ni sus opciones, ni su actitud pacífica, cercana y pronta al perdón”.

Por ello, agrega, “Jesús crucificado es una lección para nosotros hoy, como dice san Pedro en su primera carta: Cristo sufrió por ustedes, dándoles un ejemplo para que sigan sus huellas”.

“(…) Jesús no vuelve a su Padre derrotado, vuelve con la victoria del amor que vence al odio. Que en nosotros también venza el amor contra todos los sentimientos destructivos”, exhorta el prelado