“Para conseguir la inmunidad de rebaño que se necesita en el mundo urge suspender las patentes y otros derechos de propiedad intelectual de las vacunas, e impulsar estrategias para las poblaciones vulnerables que habitan en los países en vías de desarrollo”.

Así lo afirmaron las académicas Claudia Vacca y Carolina Gómez, del Centro de Pensamiento Medicamentos, Información y Poder de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), durante la reciente sesión de la Cátedra Homero Cuevas, dedicada este semestre al tema: “Pospandemia: ¿cómo cambiar el mundo?”.

Para las expertas, la pandemia desnudó las fallas del modelo de innovación de medicamentos y vacunas. Este modelo, impulsado por la Organización Mundial del Comercio (OMC), se concentra en fomentar las patentes y los secretos industriales, a través de premios de exclusividad y monopolios. Estos mecanismos hacen que el acceso y la distribución equitativa de las vacunas sean extremadamente limitados”.

La profesora Vacca señaló que esta es una de las razones por la que mientras los países de altos ingresos han logrado vacunar a más del 70 % de sus poblaciones, en los países en vías de desarrollo apenas se alcanza el 24 %; y la situación es más compleja de regiones como África, que no alcanza ni el 2 % de su población inmunizada.

Menciona además que en la actualidad varias regiones afrontan discriminación en la distribución de las vacunas del COVID–19, en parte porque las farmacéuticas que monopolizan el mercado se encuentran en los países del primer mundo, hacia donde se ha priorizado el envío de estas.

Subraya que “es evidente la escasez en la producción global de vacunas y en la restricción del libre flujo del conocimiento de la información asociada con la producción, que impiden el acceso desde cualquier lugar del mundo”.

 Según los datos de la publicación en línez Our World in Data, el 25,6 % de la población mundial ha recibido al menos una dosis de la vacuna contra COVID-19; se han administrado 3.510 millones de dosis en todo el mundo, y solo el 1 % de las personas en países de bajos recursos ha recibido al menos una dosis.

Sin embargo, ninguno de los 11 grandes productores de vacunas supera el 40 % de la producción anual, es decir que se están fabricando vacunas a niveles muy bajos y el mundo necesita por lo menos 15.000 millones de dosis para inmunizar al 70 % de la población mundial, asumiendo dos dosis por persona.

Un nuevo apartheid

Para las académicas de la UNAL, la escasa producción y acceso a vacunas de COVID-19 está provocando un alto número de muertes sobre todo en los países que no han logrado vacunar a un porcentaje importante de su población como Suramérica y África del Sur.

Indican que aunque en cuestión de 10 meses se lograron obtener 11 tipos de vacunas, lo cual es un avance científico admirable, solo se tiene al 19 % de la población mundial inmunizada.

En su opinión, urge implementar una propuesta de agenda de salud nacional e internacional más incluyente, solidaria y centrada en promover alternativas de innovación biomédica a la solución de las necesidades públicas para los países más vulnerables.

Agregan que “para facilitar la disponibilidad de vacunas en todo el mundo se deben aumentar los sitios de producción, tener disponible la información para poderlas producir y suspender temporalmente las patentes”.

Al respecto, la profesora Gómez manifestó que existe una paradoja con la innovación, y es que se radican unas barreras jurídicas frente al conocimiento y el rol del Estado es proteger el monopolio, crear mecanismos para contribuir a la sociedad y evitar las altas tasas de mortalidad de la población.

La conferencia de las docentes formó parte de los diálogos convergentes que se realizan en el marco de la iniciativa Convergencia por Colombia, liderada por la UNAL y otras universidades del país.