Sensaciones de vulnerabilidad, miedo a la muerte en medio de la lucha armada, y afecto por las familias y los hijos que dejaron atrás, son algunas de las vivencias humanas que tienen los excombatientes de grupos armados y que serían comúnmente invisibilizadas por los prejuicios sociales hacia estos protagonistas del proceso de paz.

Así lo muestra la investigación de la trabajadora social Mónica Márquez Ramírez, magíster en Antropología de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

“El proyecto comenzó con el planteamiento y la intención de tener conversaciones y acercamientos directos con excombatientes de distintos grupos armados. Quería ir más allá de la violencia y conocer sobre sus procesos y no solo sobre la perpetración de la violencia, que ha puesto un ‘velo’ sobre las otras experiencias que podíamos conocer como país y que también pueden dar luces sobre qué podemos hacer en el camino hacia la reincorporación de estas personas”, detalla la magíster.

Sin embargo, tras un cambio en la metodología del estudio, la investigadora Márquez logró acercarse a esas experiencias a través de distintos documentos y materiales de archivo, literatura, películas, videos, canales de YouTube y de televisión, entre otros, que enlazó con información a la que ya accedía gracias a su trayectoria laboral relacionada con víctimas del conflicto armado.

Resultado del material revisado, la investigadora incluye en su estudio tres historias de vida ficticias en las que aborda distintos temas relacionados con la emocionalidad de los excombatientes como humanos, más allá de su percepción como victimarios perpetradores de violencia.

En el primer relato aparecen ideas sobre cómo el grupo armado es integrado por la violencia; en el segundo se hace alusión al afecto en medio de ese entorno violento, y el tercero aborda las suposiciones de una vida que se ve afectada por lo sucedido y que no se puede recuperar.

“El aporte más significativo que tiene este trabajo es que tanto yo como para las personas a las que he tenido el gusto de compartirles la tesis, todos atravesamos un proceso de transformación. Es posible que estemos tan arraigados a nuestros prejuicios, que para hacerle un aporte a la paz debemos pensar en que no solo los excombatientes son los que vienen a la sociedad, sino que como sociedad debemos cambiar y abrir la perspectiva a la hora de entender los escenarios en los que estuvieron”, resalta.

Prejuicios derribados

“Uno de los primeros prejuicios en derrumbarse es que los excombatientes no sienten emociones, sensación de vulnerabilidad y miedo a la muerte, que son una constante en su experiencia de combate. Otro de los prejuicios es que, aún en medio de la demarcación de la guerra, los excombatientes reconocen la belleza del paisaje a lo largo y ancho del país, en donde han estado”.

Sobre los afectos, la investigadora encontró que estos no se limitan a los que surgen entre compañeros que comparten filas, sino que también están presentes en la familia que dejaron atrás, o en los hijos que no conocen, ya que sus opciones para volver a casa eran muy remotas. “Por ejemplo, los excombatientes no se relacionan de la misma manera con todos los mandos: pueden sentir admiración por algunos, mientras que con otros solo hay distancia”.