“Era la una de la mañana del jueves cuando el gobernador de la comunidad fue llamado desde el asentamiento Kasiya Na+ra por la guardia indígena.

Con gran alerta le notificaba que el caño Takana había sido envenenado y que grandes cantidades de peces estaban flotando muertos”.

Así inicia el relato de una comunidad indígena del Amazonas que solicitó ayuda a la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia, ante una mortandad de peces en un trayecto de cerca de 5 km de este arroyo, del cual depende la sobrevivencia de estas comunidades.

Como lo señala el profesor Santiago Duque, del Instituto Imani de la UNAL Sede Amazonia, “el pequeño arroyo selvático amazónico fue ‘barbasqueado’, un arte de pesca empleado en algunos pueblos indígenas de la Amazonia y de otros lugares de Colombia y del mundo, en el cual utilizan extractos de plantas que, al ser vertidos al agua, impiden que los peces puedan respirar, facilitando su captura y recolección.

Sin embargo, tanto los pobladores de la región como las demás personas pescan solo un 2 % de las especies mayores para consumo, por lo que el hallazgo de dos bultos de barbasco machucado, y cerca de 45 bultos de pescado recolectado, llevaron a las autoridades del resguardo –ubicado en el Kilómetro 11– a denunciar el hecho y contactar tanto a la estudiante de doctorado Victoria Lasprilla como a docentes y otros investigadores de la UNAL para evaluar la situación.

“Lo más preocupante es que cerca del 80 % de ellas son ‘especies miniaturas’ que tienen tallas de 2, 6 y hasta 8 cm como máximo”, advierte el profesor Duque.

Explica además que con este hecho todas especies menores del arroyo han desaparecido, lo que también afecta la dinámica de los bosques ribereños y de todos los organismos que habitan allí.

En ese sentido, el docente recuerda que un reciente estudio de Angélica Torres Bejarano, doctoranda de la UNAL Sede Amazonia, la investigadora comprobó que los arroyos y los bosques están muy conectados, pues algunas especies acuáticas alimentan animales del bosque y viceversa, en una intrincada red trófica (de alimento).

Por ello, el impacto ocasionado al Takana genera profundas consecuencias en los arroyos, en los bosques circundantes, y sin duda en los mismos pobladores de la región que aprovechan los valiosos recursos de la naturaleza amazónica para subsistencia.

Para el equipo docente de la UNAL Sede Amazonia, la acción denunciada representa un ecocidio, ya que estudios realizados desde 1999 por la Institución, liderados por los profesores José Iván Mojica, del Instituto de Ciencias Naturales, y Santiago Duque, en Leticia, con un equipo de investigadores, estudiantes de pregrado y posgrado, han determinado que la región de Leticia alberga más de 400 especies de peces en unos 40 km2.

Valores similares se observan en otras áreas de la propia Amazonia, como el gran río negro (2.250 km de longitud) con 480 especies, o el río Napo en Ecuador con 280 especies en una distancia de 1.130 km.

Al respecto, el profesor Mojica comenta que los arroyos selváticos son muy importante en el mantenimiento de la diversidad, pues se considera que cerca de la mitad de las 2.500 especies de peces que habitan en la cuenca amazónica se encuentran en estos ecosistemas.

Así, la mitad de los peces de Leticia viven en los pequeños arroyos selváticos como el Takana, cuya riqueza igualaría a todos los peces de agua dulce del continente australiano.

“No sabemos a ciencia cierta el tiempo que puede demorar en restaurarse otra vez todo el ecosistema, pero se supone que sean años”, comentan los profesores Mojica y Duque.

Varias de estas especies menores viven toda su vida en un tramo no mayor de 200 m y sus densidades pueden llegar a unos 40.000 ejemplares de las “especies miniaturas” en una hectárea lineal de arroyo, comenta por su parte el profesor Mojica.

Por tanto, el efecto de los posibles 5 km arrasados podría equivaler a 250.000 peces, la mayoría de los cuales no se utilizan para consumo.

El equipo académico considera que por tratarse de una actividad de pesca el asunto es competencia de la Autoridad Nacional de Pesca y Acuicultura (Aunap), tal como lo señalan las autoridades indígenas.

Y como el barbasco también es un tóxico contra los insectos, camarones y cangrejos acuáticos que viven allí y que –en parte– son alimento de los peces, este daño presupone que Corpoamazonia, como entidad protectora de los recursos naturales, también debería actuar (Ley 99 de 1993 artículo 31 y Decreto 3570 de 2011 de modificación de objetivos y estructura del MADS).

Los docentes e investigadores consideran que el Estado, desde sus diferentes entidades y cada una con sus particulares competencias, debe garantizar la conservación de los recursos naturales que soportan la vida, incluida la humana.