Aumento de la ansiedad, estrés, pánico, depresión, incertidumbre económica y la imposibilidad de escapar de sus hogares, son algunas de las consecuencias del aislamiento.

Además, la violencia psicológica y verbal, la económica, el ciberacoso y el silenciamiento aparecen como los principales tipos de agresión a las que las mujeres han estado expuestas en este tiempo.

Así quedó expuesto en el conversatorio “Mujeres: hablemos sobre las violencias silenciadas en el confinamiento”, organizado por el Observatorio de Asuntos de Género de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), un espacio de reflexión sobre las violencias que han vivido las mujeres durante el confinamiento que trajo consigo la pandemia.

Esta etapa ha obligado a las mujeres a converger en sus hogares exponiéndolas a tensiones habituales, como un mayor tiempo de convivencia con sus agresores en viviendas muy pequeñas, sin capacidad de tener un espacio mínimo de autonomía, lo que hace que el roce entre las partes sea constante ante la imposibilidad de escapar físicamente de esas situaciones, que han aumentado las denuncias y solicitudes de apoyo.

Para Natalia Amaya, estudiante de Trabajo Social de la UNAL, representante estudiantil y activista en la defensa de los derechos de las mujeres, este ha sido un tiempo muy duro para las mujeres y se han agudizado varias de las problemáticas.

Según indicó, entre el 1 de enero y octubre de 2020, 209 niñas han sido víctimas de feminicidio, sin contar con crímenes escondidos y que no son tipificados como este delito, debido en parte al subregistro y casos no denunciados.

Igualmente, en este tiempo de confinamiento, en Colombia las llamadas de mujeres víctimas de la violencia han llegado a un promedio de 107 diarias.

Precarización laboral

La pandemia ha precarizado la vida de las mujeres, pues en términos económicos han sufrido pérdida del trabajo, aumento en la carga laboral, reducción del salario y disminución de condiciones laborales “dignas”.

Según la psicóloga María Paula Herrera, integrante del Colectivo Psicosocial SanAcción, en los casos en los que las mujeres tuvieron la oportunidad de teletrabajar, en la mayoría de situaciones no se dieron las condiciones de salud ocupacional que les permitieran las condiciones mínimas óptimas necesarias para hacer un trabajo de calidad, mientras que sí se aumentaron las jornadas de cuidado en el hogar.

Por su parte, Ruth López, docente de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la UNAL Sede Medellín, asegura que alrededor del 52 % de las mujeres que trabajan están en una economía de baja productividad, por lo que se tienen que analizar las políticas que se han implementado para una recuperación económica, pues las propuestas están centradas en infraestructura y ámbitos fuertemente masculinizados.

“Para no perder lo alcanzado en los últimos años habría que exigirle a las instituciones que establezcan planes de recuperación en los que incluyan políticas sociales que muestren toda la precarización, crisis de los cuidados que les exigen a las mujeres un mayor esfuerzo, y prácticamente el sacrificio de su vida, por lo que es necesario pensar en sistemas públicos del cuidado que suplan estas necesidades”, señala.

Aumento en la carga mental

Estar encerradas en casa llevó a que las mujeres estuvieran todo el tiempo pensando en soluciones para su situación, planeando estrategias tanto en su trabajo o forma de subsistencia, como acerca del cuidado de los hijos y roles en el hogar.

Además se reconocieron afectaciones a la salud reproductiva, pues muchas de ellas no tuvieron la oportunidad de decidir si querían o no ser madres. Los procesos de atención en salud reproductiva también tuvieron que ser suspendidos, situación que causó incertidumbre y miedo entre aquellas que tuvieron sus hijos en medio de la pandemia.

Pese a las grandes dificultades presentadas, las panelistas concuerdan en que hubo una reinvención del movimiento feminista y defensor